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viernes, 21 de junio de 2019

La madre de todas las Crispys



En Mayo, me fui de paseo a la ciudad de New York, para salir un poco de la rutina del fin de semana. Siempre es muy exitante, salir de los suburbios de Connecticut, para entrar en la selva de cemento de New York. Sus luces, la multitud, y los sabores, hacen lo mejor de la gran manzana.
Las grandes cuadras,de luces y colores de esta magica ciudad, no puede faltar las caras de los hispanos, y por supuesto el sabor latino. En cada esquina se respira una delicia, puede ser un pincho de pollo, o unos ricos manis confitados. 
Pasear por tan marivillosa ciudad da hambre, y ya que no falta un lugar donde no haya un restaurante, decidi buscar uno que me llamara mas la atencion. Cuadras llenas de pizzas, cafes, panaderias, y hamburguesas estan uno al costado del otro.

Una en particular llamo mi atencion, ya que esta tenia desplegada en sus ventanas, grandes imagenes de sandwiches, papa fritas, y jugos. Propaganda tipo latinoamerica. No se si fue el hambre, o las imagenes que hicieron de mi boca aguar, que decidi que ese seria el lugar indicado en ese momento.

Un pequeno restaurante de comida rapida, de duenos latinos y platillos preparados por manos latinas sin duda. Escogi una orden de un sandwich de pollo crocante con papas fritas y un jugo natural de naranja (el toque light, valga la redundancia). 



Lo mas entretenido, es ver como mi orden se preparaba en frente de mis ojos. Bueno ya de por si, mis ojos estaban disfrutando lo que mi paladar hiba a delitar. Muy corteces los meseros, me dieron mi orden en una canastita llamativa, para finalmente saborear la tentacion de un pollito crocante.

Debo decir, que estaba calientito, con tomates, lechuga, y cebollita fresca; un pollo jugoso y un queso que se desacia al momento de dar una mordida a esa hermosa creacion. Ni que decir de las papitas; calientitas, y crocantes.

Fue la madre de todos los sandwiches, pues sinceramente el tamano de este, era mas grande que mi cara. Pero igual, fue un deleite poder saciar mis mas bajos apetitos gastronomicos, no sin antes, refrescarme con el juguito de naranja que cayo como anillo al dedo. 

No hay duda que darse un gustito de estos, no cae mal de vez en cuando, y en especial cuando se pasea por las cosmopolitas calles de New York.






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