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| En medio de la intemperie y el desemparo, jóvenes universitarios de Connecticut luchan contra la indigencia. Foto: Genérica. |
Manchester, CT.- Dormir en el asiento trasero de un automóvil, buscar estaciones de servicio con microondas disponibles de madrugada para calentar algo de comer, o pernoctar en estacionamientos iluminados para sentirse a salvo, esa es la cruda realidad que los fundadores de la organización My Tía’s Place han presenciado de cerca entre los estudiantes de los colegios comunitarios de Connecticut.
"Muchos de estos estudiantes no llegan a una casa al terminar sus clases", dice Karol López, presidenta y cofundadora de My Tía's Place, una organización sin fines de lucro en Manchester, que busca cubrir el vacío institucional y atender las necesidades básicas de la población estudiantil en situación de vulnerabilidad.
“Yo fui una estudiante que iba a perder mi apartamento. Yo pude terminar la escuela. Ahora estoy en mi bachillerato en Florida, pero mi corazón no podía dejar a estos nenes afuera.”
A diferencia de las universidades estatales que cuentan con dormitorios y redes de vivienda, los colegios comunitarios carecen de estas alternativas. Para ayudar a esta problemática, un grupo de exalumnos de Manchester Community College impulsó la creación de My Tía’s Place, una organización sin fines de lucro enfocada en devolverles la dignidad y el respaldo a los estudiantes. La iniciativa surgió de la experiencia directa de sus fundadores, Lisa Cabrera, Natalie Nicholson, Corey Pace, Gordon Plouffe y la propia López, quienes entablaron amistad mientras estudiaban y ejercían cargos en el gobierno estudiantil.
“Ahí fue que vimos en verdad cuántos estudiantes estaban sufriendo, antes de la pandemia y después fue peor.”
La falta de vivienda entre los estudiantes de educación superior suele deberse en parte a un quiebre económico familiar. Según explica López, al cumplir los 18 años, cualquier ingreso formal que reciba un estudiante pasa a considerarse ingreso del hogar, lo que puede generar la reducción o la pérdida de subsidios estatales cruciales para sus familias, como cupones de alimentos, asistencia médica o vales de vivienda de la Sección 8.
“No tienen otro lado, no tienen qué más hacer. Ellos no salen de High School con crédito, con dinero guardado.”
Decisiones de política educativa y gubernamental en años recientes han dificultado el panorama. Durante el año académico 2022-2023.La Junta de Regentes de universidades estatales aprobó un aumento del 5% en la matrícula base y en las tarifas obligatorias. Para un estudiante a tiempo completo, esto elevó la tarifa anual de $4,700 desde los $4,476 previos.
Debido a esto, López dice que desde el 2024, cuando se fundó My Tia’s Place, su equipo había advertido a las autoridades que los incrementos en las tarifas escolares de las universidades y colegios comunitarios podían afectar a los alumnos más vulnerables.
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| Karol López, presidenta y cofundadora de My Tía's Place. Foto: Boceto Media. |
Sin embargo, durante 2024 y 2025, a medida que los campus completaban su fusión para convertirse en CT State Colleges and Universities, las tarifas base volvieron a subir para absorber el incremento en los costos operativos, elevando la tarifa anual para estudiantes de tiempo completo hasta los $5,218 actuales.
La estructura del costo de las clases también sufrió un ajuste. Antes, los estudiantes de tiempo completo, por decir, aquellos inscritos en 12 créditos o más, podían sumar cursos adicionales bajo una misma tarifa fija. Sin embargo, el sistema impuso un nuevo límite restrictivo, cobrando un adicional de $100 por cada crédito tomado a partir de las 17 horas lectivas en un mismo semestre.
Asimismo, las tarifas de laboratorios y actividades específicas de cada campus comunitario se estandarizaron en un esquema de múltiples niveles. Este cambio trasladó costos directamente a los estudiantes que cursan trayectorias profesionales específicas, tales como los recargos adicionales por el nivel de salud clínica (Clinical Health Tier Additions) y los cobros por laboratorios de manufactura avanzada para los cursos de ingeniería (Advanced Manufacturing Lab Surcharges).
Durante el año académico 2025–2026, y tras una fuerte ola de protestas estudiantiles y presiones políticas, la Junta de Regentes votó a favor de congelar la matrícula base y las tarifas obligatorias. Como resultado, el costo anual para estudiantes residentes a tiempo completo se mantiene en $5,218.
Entre otros grupos afectados por los cambios de los años recientes se encuentra la situación de estudiantes inmigrantes procedentes de diversos países de América Latina y el Caribe, quienes enfrentan barreras de idioma, temor por su estatus migratorio y aislamiento social, lo que lleva a muchos a optar por educación a distancia o a abandonar sus estudios.
“Esos estudiantes me rompen el corazón. No pueden volver a la escuela, muchos se han puesto a coger clases online porque no se atreven a ir para la comunidad. Y es muy difícil porque algunos de ellos no hablan inglés bien; los profesores no trabajan bien con ellos muchas veces porque no los ven, no saben su situación.”
La falta de un espacio seguro expone además a muchos estudiantes, sin importar su estatus migratorio, a otros riesgos sociales.
“Muchas muchachitas que conozco también están pasando por relaciones violentas domésticas porque se tienen que quedar en situación. Muchos de los jóvenes están cayendo en malos vicios porque están en la calle, están en casas ajenas.”, dijo López.
Tras un año y medio de labor social y gestiones organizativas, My Tia’s Place opera en la 903 de Main Street, en Manchester, donde recolecta artículos de primera necesidad como ropa de invierno, calzado, alimentos y productos de higiene personal.
“Sea pata de dientes, cepillo, cosas que le dan dignidad a los estudiantes para ir a la escuela. Jabones para bañarse, champú. Las cosas que nosotros a veces tenemos de lujo para ellos, son una necesidad muy grande.”
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| Evento de recolección de donaciones para jóvenes de los colegios comunitarios. Foto: My Tia's Place. |
López dice que entre los planes de la organización está el entablar acuerdos con hoteles y Airbnb para alquilar habitaciones vacías a precios accesibles, así como gestionar acuerdos con universidades estatales para que los estudiantes de colegios comunitarios puedan ocupar residencias desocupadas durante las vacaciones académicas.
"Un estudiante que está por perder dónde vivir o que no tiene un techo, ¿cómo se va a poder concentrar en sus estudios?", dijo López. “Ahorita hay mucha incertidumbre, muchos problemas, que han perdido los fondos, hay mucha gente que tiene miedo. “
Según López, su organización ha expuesto sus preocupaciones ante líderes locales y estatales desde el 2024, pero las respuestas institucionales aún no se han materializado.
Entre tanto, la organización continúa recurriendo a la solidaridad local para garantizar que la falta de un techo no frustre el sueño universitario de los jóvenes del estado.
"Son jóvenes que están sufriendo, pero que aun así se levantan todos los días para luchar por una educación y un mejor futuro, y eso es lo más importante.”
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